Una consulta más (17/12/12)
Otra vez aquí, esperando nuestro turno en la interminable fila de padres con niños enfermos, es un hospital público, así que la cantidad de gente es mucha.
Veo a mi alrededor y me pone triste, aunque varios de los niños vienen a un chequeo por catarro, diarrea, la mayoría son niños con problemas aún más graves.
Infinidad de prematuros, que sus pequeñas cabecitas caben en mi mano, niños con parálisis, algunos con necesidad de transplante. Y lo que más me duele es que estas enfermedades no discriminan, hasta parece a propósito, afecta a las personas que menos recursos tienen, estas familias que luchan a diario con la preocupación del que comer y todavía tienen que lidiar con la preocupación de como sacar adelante a un niño con necesidades especiales, un niño que siempre va a necesitar de atención única, que es más vulnerable a enfermedades que otros.
Y es muy frustrante por que uno no tiene la capacidad de elegir su destino, tenemos la capacidad de tomar decisiones, pero no podemos evitar lo que nos vaya a ocurrir, lo que Dios nos tiene destinado.
Y por destino me refiero a nuestros hijos discapacitados, ellos nunca pudieron elegir venir al mundo así, y nosotros mucho menos deseábamos esto para ellos, el sufrimiento de un hijo es desgarrador.

Pero por otra parte, ver todo esto, vivir todo esto me motiva a seguir mejorando profesionalmente, a prepararme mejor como investigadora, para que en un futuro pueda aportar algo que nos ayude a mejorar las enfermedades de nuestros hijos especiales, tal ves era lo que Dios quería de mi y por eso me puso a prueba, espero no defraudarlo.
Mientras tanto, seguiremos aquí, en la fila interminable de padres de niños con necesidades especiales.




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